6/04/2009

Tenía que ser Javier


Era un día normal de colegio, acababa de sonar la campana que anunciaba el fin del recreo. Subí rápidamente las escaleras y caminé tranquilamente hacia mi salón. El salón de 5º C está adelante del mío, y me detuve para hablar con algunos de mis amigos del otro salón. Días antes, uno de los vidrios de una ventana del salón se había roto. Así que quedaba un espacio vacío en donde había estado la ventana. Me asomé al salón por ese hueco, en donde inicialmente había estado el vidrio. Y estaba conversando tranquilamente, cuando siento que alguien me empuja por detrás. Pero no me pude voltear rápidamente, ya que me doy cuenta que el otro vidrio que quedaba en la ventana se había caído. Por suerte, la ventana no se rompió. Ahora sí me volteé descubriendo que Javier, mi amigo era el que me había empujado, causando ese accidente. “Obviamente”, pensé, “tenía que ser Javier”. Y es que solo había una persona en todo el colegio que pudiera haber hecho eso, y ese era Javier. Justo en ese momento, llegó Mr. Lescano, nuestro profesor de inglés. Observó sorprendido la situación, y le ordenó a Javier que llevara la ventana abajo. Yo solo me reí, hasta que el profesor me ordenó que entrara al salón para empezar la clase.

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